Las vidas paralelas de NBA 2K13 y Farmville

La amenaza del free-2-play y los jueguicos para móviles está dando como resultado unos experimentos bastante aterradores en los juegos comerciales. Si a principios de la generación el miedo era que los DLC terminaran dando ventajas «injustas» a los que sacaran la cartera, la tendencia actual parece cumplir esa profecía copiando el esquema de los MMO gratuitos. Más los DLC de pago. Más los pases online. Más… El mejor ejemplo lo tenemos en un juego de caja y pasta en tienda que, tras romper el plástico, desvela un par de mecánicas perversas en su interior. No es ni mucho menos el único, pero NBA 2K13 tal vez por su trascendencia sea, junto a FIFA 13 y Forza Horizon, uno de los ejemplos de lo que se nos viene encima, a añadir a los preorders, DLCs de pago, pases de temporada, ediciones de lujo y navajeros varios vestidos de ilusión virtual. Oro, incienso y un papel de uno de los Reyes Magos con una cuenta de Paypal y la promesa de la mirra, niñodios.

Tanto Jim Thin como yo mismo ya hemos comentado, aquí y en otros medios, que el modo Mi Carrera de los NBA 2K es uno de los rolazos vieja escuela más brillantes de los últimos tiempos, algo que en los dos últimos años era capaz de convertir cada partido en una mazmorra con la que ganar puntos de experiencia y cumplir misiones nada ajenas al habitual del espadazo y el dado de 20. La típica premisa «ve a los alrededores del poblado y acaba con los goblins» se convertía, en una traducción magistral, en el entrenador diciéndole a tu novato que John Wall no llegase a 20 puntos o que todos los compañeros consiguiesen una asistencia. Y así cada noche, casi todas las noches, para relajar la presión de los play-offs y el tedio natural de una temporada de más de 80 partidos. ¿Las recompensas? Dulces puntos de experiencia (Puntos de Habilidad aquí) y equipamiento mágico con los logos de zapatillas-casi-seguro-que-cosidas-por-niños-pobres para darte ese empujoncito extra en el próximo partido.


-Vamos a enseñarles a esos de 2K lo que de verdad importa en la NBA, Beyoncé. -Guay

En NBA 2K13 esos objetivos estáticos por partido han desaparecido (y las recompensas directas por ejercicios). Se conservan los dinámicos, cosas breves que pasan en momentos puntuales y siguen la lógica de lo que pasa en la pista: supera el récord de asistencias del equipo, reduce la distancia a cinco puntos, evita que Lebron James anote su próxima canasta, aunque seas un base de 1,71 y menos de 80 kilos que apenas juega seis minutos por cuarto. Hazlo.

El resultado es algo menos satisfactorio, con un jugador creado que tarda algo más en progresar como si… Como si algo le frenase. ¡Tate! ¡Como que estaba jugando sin conexión online! Los Puntos de Habilidad son una cosa para gente del pasado, ahora lo que se lleva es la Virtual Currency, una moneda virtual que puedes gastar en: mejorar tu jugador; comprarle bling-bling para que no vaya hecho un adefesio a las ruedas de prensa o las reuniones a llorarle al dueño del equipo; comprarle RITUALES [saludos masones, por lo visto] y animaciones; adquirir gente real para tu equipo online (el Ultimate Team de FIFA llevado al NBA, para entendernos y que mucho me temo que va a desbancar el modo Mi Carrera en futuras entregas), desbloquear jugadores para el modo Blacktop con las reglas de la calle, hermano, es dinero, estoy hablando de dinero, ¿entiendes? Para empezar, la diferencia semántica jode y nos acerca al béisbol y al ciclismo: los Puntos de Habilidad se ganan jugando mejor y los reinviertes en tu jugador. Son naturales, son bellos, son una recompensa a ti mismo todo el rato. La Moneda Virtual te está diciendo que con dinero todo se arregla. Ay.

¿Y cómo ganas VC? Por un lado, con todo, el juego es generoso: juega un partido de lo que sea (de cualquier modo que no sea el de carrera) y, pum, 150 lereles. Sé el Jugador del Partido y, blam, 20 vicurritos. Por otro, con pasta real: se pueden comprar paquetes de VC en las stores al uso. Ay. Te están reconociendo -sin la perversión absoluta de Forza Horizon-, que quieren tu pasta. Que no les basta con los sesenta pavos de la caja o los posibles DLCs. Que mira, pon dinero y tu jugador será mejor o irá mejor vestido o por fin podrás tener a Kobe Bryant en tu franquicia online. Ay. La cosa sería más grave si, ya digo, el juego no fuera generoso o, y aquí viene lo divertido, no existiesen NBA 2K MyLife en Facebook y MyNBA2K en iOS y Android.


Un jugador de NBA en su tiempo libre es exactamente así.

Ambas son aplicaciones gratuitas, la primera siguiendo la lógica de un Farmville donde tu jugador  se viste como un gilipuertas y monta saraos absurdos en su chozo mientras firma patrocinios y se rodea de una entourage de gente a tope dándose high-fives. Posiblemente sea un reflejo de la vida NBA real, no digo que no. El caso es que aquí también puedes pagar dinero real por conseguir ventajas si te gusta el título o eres un irresponsable financiero, en el sentido más jurídico del término. Sea como sea, cada seis horas te llevas entre 100 y 150 lereles para el juego padre sin hacer prácticamente nada. Y 10 más por cada nivel de Petarlo del sarao. Y 50 más por cada «partido» disputado. Y si te haces colega de jugadores reales los desbloqueas en el Blacktop de consola. Oh, y followers del Twitter falso. Un sindiós muy explotable, pero preocupante.


Algún día todos los niños indonesios verán esta firma. Mientras montan bambas.

Y luego está My NBA 2K, una colección gratuita de minijuegos en la que, cada 24 horas, puedes acumular hasta 1.000 VC, un porrón de fans firmando autógrafos y bonus para cada partido. Sin más. una especie de disculpa por haber convertido lo que era un rolazo equilibrado en un grinding de un calibre tal que casi te compensa más pagarle a un granjero de oro chino y que te eche todos los partidos de Blacktop posibles: World of NBAcraft. El resultado es que juego menos que nunca con mi jugador en un NBA 2K. Entro en Facebook y hago dos click cada seis horas; muevo el dedo mecánicamente en el móvil con el sonido quitado mientras veo una peli porque se que con repetir ganaré los mismos VC tarde o temprano. Cada dos días echo un partido donde invierto los 4.000 VC ganados FUERA DEL JUEGO que dentro me llevaría 20 partidos acumular. Y, con ese mismo número de encuentros a sus espaldas,  Rambonctous «El Monstruo» Schmitty, de los Houston Rockets, bigotillo de pederasta, educado en Chattanooga (Tennessee, donde la adolescencia se ve de otra manera), ya es mejor jugador que todos los novatos que le antecedieron mientras el pobre Jeremy Lin llora desconsolado en el banquillo -«¿para esto me fui de los Knicks?»-. Eso sí, Schmitty sigue vistiendo como un adefesio. Pero ahora mismo podría darle a simular todos los partidos y sería el MVP. Pero claro, necesito muchísimos más VC para seguir desbloqueando cosas en el modo MyTeam. Mientras, en mi segundo archivo de carrera, el offline, el Schmitty de Tierra-2 sufre para meter 12 puntos en 35 minutos a mitad de temporada. Pero eso sí, todo lo que puede hacer en pista se lo ha ganado él.