El viejo-nuevo paradigma: no haber entendido nada

Esta semana solo existen dos juegos. Los dos primeros videojuegos de la historia. Cualquier intento por dirigir la conversación hacia nuevos objetivos sería en vano. X-COM es un juego de estrategia por turnos, es decir, de a poco, de esperar y ver, de pensar y mandar, táctica, consecuencias. Dishonored es un FPS que lucha muy fuerte por no ser un FPS; así lo debió de dejar claro en innumerables notas de prensa («lo» Dishonored, y no «lo» Bethesda) para hacer el doble juego, desmarcarse de la aborrecida abundancia de shooters mientras sigue siéndolo y los jugadores curtidos en pegatiros toman el aperitivo antes de su muy esperado Black Ops 2 . Fallout era un RPG solo que era un shooter. Skyrim no era un juego de rol sino una experiencia-mistico-religiosa-de-construcción-paralela-al-espacio-tiempo-de-tu-vida-jodidamente-detestable. Bioshock no era un pegatiros, solo que lo era. Y aquí estamos cinco años después.

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