«Donkey Kong Country» – Salir ganando

DKfront

Donkey Kong Country
Rare
Super Nintendo, Game Boy Advance, Consola virtual (versión comentada)
1994

No haber jugado a videojuegos durante la infancia y primera juventud tiene muchos inconvenientes (el peor y más evidente: no haber jugado a videojuegos durante la infancia y primera juventud), pero, porque no todo puede ser drama en esta vida, también trae de pura carambola alguna ventaja inesperada. Encontrarse de golpe con veinte años de industria en bloque, con sus clásicos e incomprendidos juntos y revueltos, y tener la oportunidad de descubrirlos a saltos, enganchando un Mario con un deportivo remoto, el origen del sandbox con el último pegatiros de la temporada, da una perspectiva del medio algo desbaratada, sí. Pero también deja claro que en la evolución del medio modas y descubrimientos técnicos han pasado a menudo por encima de hallazgos en mecánicas, ahogando soluciones que hubieran dado otra cara al videojuego moderno.

Entre el jugador obsesionado por la novedad, que no mira hacia atrás porque imagina el videojuego en constante evolución darwinista, y el neurótico del retro, que antes que el juego en sí reivindica haber tenido doce años, tiene que haber una tercera vía que busque en el pasado un contenedor de ideas.

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«Killer Instinct» — El culto al combo

Killer Instinct

Killer Instinct
1994
Arcade, Super Nintendo, Nintendo 64
Rare

A Rare hay que reverenciarla no sólo por haber sido Ultimate (y por tanto los Dioses de los 8 bits) sino también por haber tenido los santos testículos de haber cogido el mercado japonés por los cuernos y haberse situado en una posición privilegiada bajo el abrigo de Nintendo. En 1994, en el momento de más alta popularidad de SNES, los Stamper aprovechan el impulso de Donkey Kong Country y se embarcan en crear el juego que estrenará ese hardware piloto que lucía el nombre de Ultra 64. En sus manos estaba sorprender al mundo y mostrar las excelencias de los cimientos de la futura nueva consola de Nintendo. Y todo ello en salones recreativos, a la vieja usanza.

Sorprendió, sí, pero su triunfo fue muy relativo. Quedó como un experimento puntual, y para ser sinceros la innovación tecnológica de Killer Instinct era en su fondo la misma que ya presentaba el Donkey Kong Country: utilizar gráficos prerrenderizados (en personajes y escenarios) con estaciones de trabajo Silicon Graphics. No deja de ser irónico que la potencia del nuevo hardware de Nintendo residiera… en otro hardware ajeno. Y para más ironía, la capacidad de almacenamiento de la recreativa se encontraba no en la nueva placa nipona sino en un hermoso disco duro que obviamente la Nintendo 64 no iba a poseer. La captura de imágenes para animar luchadores ya había sido usada de manera muy perfeccionada en los Mortal Kombat así como el uso de la violencia como reclamo. En conjunto, todo esto de lo que hablamos lleva a la misma conclusión: vistosidad innegable pero menos avance tecnológico detrás de lo que aparentaba.

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