«Gears of War: Judgment» – Crítica

Gears of War: Judgment

Gears of War: Judgment
Epic Games, People Can Fly
Xbox 360

Judgment no es una versión light de Gears of War, sino un juego distinto que comparte nombre. Un título rápido, concentrado, que empuja al veterano a superarse con un arsenal reducido y acicates de puntuación y puñeterismos. Pero que, incomprensiblemente, pierde carisma y exageración en la parte de sus jugadores. Judgment es un arcade sin contemplaciones, con la mayor factura técnica que le hemos visto al Unreal Engine 3, pero con un cierto descuido en lo jugable. People Can Fly y Epic han parido un bastardo de mil madres,  definición que pueden ver como quieran. En mi caso, es un piropo.

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«Akaneiro Demon Hunters» – Crítica

Akaneiro Demon Hunters

Akaneiro Demon Hunters
Spicy Horse
PC, OSX

Para empezar, déjenme contarles una historia:

Hubo una vez un brillante joven que creó un juego exquisito que hacía vibrar de emoción a quienes lo jugaban, supongamos que ese joven se llamaba European McGee. Nuestro buen amigo European era aficionado a los cuentos infantiles del Viejo Mundo, los cuales conseguía reformular con cierta gracia en oscuros pasajes de terror con los cuales cautivar los corazones indómitos de los ya nunca más niños de esas lejanas tierras, pero también de aquellas donde el vivía. Pasaron los años y viendo que el Nuevo Mundo se hundía, decidió huir a tierras aun más antiguas. Allí encontró un buen lugar donde crear nuevos juegos, siempre reinventando antiguos cuentos, pero algo faltaban ya en ellos: no eran brillantes, sólo se hacían para conseguir dinero. Cuando volvió, demostró que ya no tenía la misma magia incluso tratando el mismo tema; culpamos a los gigantes, que le obligaron a hacer lo que no quería. Pero cuando volvió, haciendo todo aquello que aprendió con los pequeños juegos que regaló a los hombres de esas tierras lejanas, resultó ser que él se había visto infectado por el veneno de los gigantes.

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«Antichamber» — Crítica

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Antichamber
Alexander Bruce
PC

«Antichamber», como nombre traducido de una palabra inventada, vendría a significar «anti-sala», la «no-sala», algo que puede parecer una habitación pero en realidad no lo es. Y eso está bien, el juego es lo que su nombre invoca al pronunciarse: un no-juego, una habitación que es todas y ninguna habitación. No es nada descabellado pensar que «Antichamber» es además un (leve) juego de palabras con «antechamber», «antesala», y que en cierto sentido el título de Alexander Bruce también tiene mucho de esto, ya no solo a un evidente nivel de diseño conceptual. Y, en realidad, no sé bien a dónde quería llegar con esto, pero ahora tendré que escribir tres o cuatro párrafos más para intentar darle forma e incluso insultarles si no están de acuerdo.

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«Ridiculous Fishing» – Crítica

Ridiculous Fishing

Ridiculous Fishing
Vlambeer, Zach Gage, Greg Wohlwend
iOS

Si no han leído la decepcionada reflexión de Noel Ceballos sobre el estado de la vocación creativa en lo 2.0 y lo que vendrá, guárdenlo ya mismo en su Pocket, o su Instapaper, o ábranlo en otra pestaña, pero no lo pierdan de vista: uno ya ni puede confiar en que Google Reader le recordará mañana lo que merece la pena leer hoy. En su artículo, Noel muestra su sorpresa ante unos alumnos de universidad con ganas de hacer cosas, con ideas, pero con el ojo ya puesto en petarlo, en un beneficio calculado a priori, en esa fórmula del éxito que te garantizará más visitas, más followers, un editor con unos cuantos miles de euros en el bolsillo  o —por qué no— maletines de dinero esperando en la puerta de casa. Esa fórmula existe, aunque seguramente no es la que estos alumnos esperaban oír: se trata, sencillamente, de trabajar, trabajar y trabajar. Escribe durante diez mil horas, lleva una cámara siempre encima, garabatea en una servilleta, comparte tu trabajo, colabora cuanto puedas, apúntate a un bombardeo. Detrás de la apariencia de cool kids de aquellos que se ganan nuestro respeto estando de resaca y con el pito fuera se encuentran experiencia, oficio y ganas; y para eso no hay atajos que valgan, le pese a quien le pese.

¿Que qué tiene que ver esto con Ridiculous Fishing? Absolutamente todo.

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«Ni No Kuni» – Crítica

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Ni No Kuni
Level-5, Studio Ghibli
PlayStation 3

Si hay actualmente un género cuyas directrices más clásicas se ven cuestionadas con mayor frecuencia y fiereza por parte de un elevado número de jugadores, ése es sin duda el rol japonés. No es de extrañar, pues se trata de uno de los pilares genéricos base que sustenta un mercado tan estereotipado como el nipón y que parece que no ha sabido o no ha querido crecer al mismo ritmo que ha marcado la maduración del público y el generalizado gusto occidentales. Mi postura al respecto es bastante optimista, pues si bien algunas de las franquicias más numéricas y populares como la consabida Final Fantasy han perdido parte del esplendor de antaño a causa de giros de timón en direcciones quizá poco favorables, no nos hemos quedado huérfanos del todo en la materia gracias a propuestas tan satisfactorias como Lost Odyssey (Mistwalker, 2008), Xenoblade Chronicles (Monolith Soft, 2011) o la formidable saga Persona de Atlus.

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«Crysis 3» – Crítica

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Crysis 3
Crytek Frankfurt / Crytek UK
PC (version comentada), Xbox 360, PlayStation 3
2013

Sumerjámonos por un momento en las turbias aguas de las comparaciones, sólo por diversión: si el sacrosanto Half-Life 2 es una película de J.J. Abrams, Crysis 3 es una película de Michael Bay. Y no lo es sólo por su argumento sencillo en extremo, sin apenas sorpresas o giros salvajes, ni por contar con personajes unidimensionales (nota aclaratoria: puede no parecerlo a simple vista, pero quien esto escribe siente una sincera y longeva admiración por las películas del director de La Roca), sino porque Crysis 3 es, ante todo y sobre todo, un espectáculo audiovisual y una demostración de fuerza. En una película de Michael Bay cada fotograma de cada plano grita «¡DINERO! ¡DESPLIEGUE DE MEDIOS!», todo brilla y parece nuevo, recién salido de la fábrica, como si fuera un anuncio del último modelo de Cadillac (a veces lo es); las chicas están bronceadas y delgadas, y hasta el último detalle de cada escena ha sido colocado ahí con mimo. Luego entra en juego el propio Michael Bay y toda esa belleza es volada por los aires sin compasión. A Crysis 3 (y a sus antecesores) les sucede lo mismo: el motor del juego, que no hace sino evolucionar con cada entrega, lleva tan lejos como es posible con la tecnología actual el tan ansiado fotorrealismo, creando entornos creíbles, cimentados por una férrea lógica física, y cuidados hasta el más mínimo detalle. No es extraño –ni hay que sentirse culpable por ello– pararse a disfrutar del trabajo de texturas, del agua, o del modelado de los enemigos, aunque solo sea porque está más allá de lo corriente (el entusiasmo por la parte técnica varia de un sitio a otro en intensidad, pero es generalizado). En resumidas cuentas, jugar a Crysis 3 (y sus antecesores) es como disfrutar de una de las películas con el Bayhem Seal of Quality, incluyendo la irrenunciable letanía de Bay Explosions™.

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«Depression Quest» — Crítica

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Depression Quest
Zoe Quinn, Patrick Lindsey y Isaac Schankler
PC

En mi decidido empeño por coquetear descaradamente con todo aquel producto videolúdico que se aleje con decisión de los convencionalismos genéricos —dejando claro que a mí los convencionalismos genéricos me parecen una cosa muy estupenda— se ha cruzado en mi camino y de rebote este Depression Quest, un título que hará las delicias amargas entre los abanderados defensores de la pureza del videojuego, pues ciertamente su propuesta, disponible de manera gratuita y con opción a donativos en su página web oficial, revolotea en torno al concepto de relato interactivo.

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«DmC» – Crítica

DmC

DmC
Ninja Theory
PC, PS3, Xbox360

El mundo está siempre en un perpetuo devenir y, por ello, con él deben cambiar las manifestaciones culturales. Esto, que no deja de ser una axioma que debería grabarse a fuego en las desgastadas retinas de aquellos fanáticos incapaces de comprender que cambien una sola coma de sus sagas predilectas, es el principio básico que ha parecido regir la producción de la nueva iteración de Devil May Cry por parte de Ninja Theory, a los cuales no les ha temblado el pulso al desnudar toda la significación asociada a Dante para arrojarlo en un entorno más próximo al mundo del presente. Desde el aspecto del propio Dante, que ahora parece el de un hombre joven común no salido de una dimensión que basa sus patrones estéticos en el horterismo maximalista, hasta la estética imperante dentro del juego en sí, el cual ha ganado en zonas flotantes y estilo europeo donde antes había un préstamo sin sentido de los escenarios clásicos de la fantasía rolera japonesa, el cambio es tan radical que se hace necesario remarcar ya de entrada que ésto sigue siendo un Devil May Cry. Y lo es más que nunca.

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«The Cave» — Crítica

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The Cave
Double Fine
PC, PlayStation 3, Wii U y Xbox 360 (versión comentada)

Veinte interminables años hemos tenido que esperar para volver a ver un nuevo trabajo de Ron Gilbert. Desde que decidiera recogerse en mercado de los juegos infantiles, la trayectoria profesional del creador de The Secret of Monkey Island ha sido mucho menos prolífica de lo que hubiésemos deseado: fracasos empresariales diversos y, parece ser, cierta reticencia a plegarse ante órdenes de cúpulas directivas, serían los motivos que han llevado a una ausencia sólo rota por algún que otro fogonazo puntual en forma de action RPG (Death Spank) o alguna colaboración de cortesía (Penny Arcade Aventures, Tales of Monkey Island). Su fichaje en 2010 por Double Fine, sin embargo, parecía que terminaría con esta larga travesía en el desierto y que lo haría de la mejor forma posible: volviéndole a reunir con Tim Schafer, uno de sus socios durante los años dorados de Lucas Arts, y poniéndose a trabajar en el tipo de juegos que mejor se adaptan a sus capacidades: las aventuras gráficas.

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«Proteus» – Crítica

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Proteus
Ed Key y David Kanaga
2012

En su fantasía del último hombre, Pablo Algaba nos hablaba sobre el poder de seducción que ejerce un buen cataclismo en casi cualquier hijo de vecino, especialmente si éste es el último superviviente y se erige como único mandatario de un mundo cuya reglas conoce y dispone a su favor, bien para sobrevivir, bien para manipularlo a su antojo, dependiendo de si la situación remanente se asemeja más a un coto de caza o a un parque de atracciones privado. Sea como fuere, ambos supuestos encuentran su nexo en la certeza de un conocimiento previo acerca de las reglas que dicta el entorno, por muy devastado que esté, por muchos zombis que haya tras la puerta blindada del bunker. Uno sabe lo que hay que hacer, es conocedor del mundo circundante y de los hilos que lo mueven. En Proteus se efectúa un soliloquio similar -un yo frente a nadie- pero como bien nos adelanta su propia etimología, el título de Ed Key y David Kanaga nos sitúa en el extremo diametralmente opuesto, del lado del descubridor de un mundo nuevo, uno que se plasma, a base de pixelazo acartonado y colorín un tanto nebuloso, con el punto justo de abstracción para despertar nuestra curiosidad, pero con los suficientes elementos de anclaje con la realidad de a este lado del monitor como para que no nos sintamos demasiado desorientados. Qué duda cabe de que si bien ser la última criatura en pie sobre un montón de cuerpos inertes en un after es algo fabuloso, adentrarse por vez primera en el desconocido tejido reglamentario de un club de intercambio de parejas sea quizá más estimulante. En Proteus no hay tutorial, marcadores, objetivos, enemigos o indicación alguna sobre lo que se supone debemos hacer, pero es lo suficientemente hábil para dejar claras en la primera toma de contacto ciertas directrices mínimas y un mínimo patrón de avance sin necesidad de verbalizarse ni exhibirse.

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