Xain’D Sleena
Arcade, Amiga, Atari ST, Commodore 64, MSX, ZX Spectrum
Technos
1986
No hizo falta más que decir en mi anterior crítica, la de Trojan, lo extraño que era que un juego arcade, planteados como sacaperras insaciables, diera la posibilidad de escoger la fase inicial, para que me tope con una avalancha de juegos que así lo hacen. La sensación para el jugador, sin embargo, es muy distinta. En Trojan, como decíamos, su dificultad absolutamente infernal era la que posiblemente impulsó a Capcom a decir: «como no lo hagamos de esta manera, la gente va a estar condenada a no ver más allá del principio de la segunda fase, y con suerte». Xain’D Sleena es un juego mucho más asequible (irónicamente, casi podríamos calificarlo de sencillo), pero incluye un detalle en su desarrollo que da una dimensión nueva a la posibilidad de visitar las fases en cualquier orden.
Xain es un guerrero espacial encargado de salvar unos cuantos planetas de su ruina aniquilando a una agresiva raza de invasores y poniendo una bomba en cada uno de ellos (puro eighties style). Nada muy problemático: cada planeta es un sencillo arcade horizontal, con un protagonista dotado para el doble salto, power-ups, final bosses… todo el pack. Pero entre planeta y planeta, Xain y su nave se topan con un problema añadido: un shoot’em-up de naves al estilo Gradius, con cápsulas alienígenas atacando en formación imperturbable. ¿El resultado, aparte de que estos disparaderos del espacio exterior son bastante más complicados y, por desgracia, algo más formulaicos que las fases planetarias? Que el universo de Xain’D Sleena adquiere cierta estructura esférica que le da una agradable coherencia. Se puede visitar cualquier planeta, sí, pero el hecho de tener que hacer el camino entre unos y otros, y que cada planeta tenga sus características propias (lava, selva, agua, aire, metal, etc.), da a Xain’d Sleena un carácter menos improvisado que Trojan. Esa elección del camino redunda en la coherencia interna del juego, y no da esa impresión de disculpa («sí, es un infierno, pero al menos…») que tenía el juego de Capcom. Una sutil diferencia para un juego compacto, divertido y memorable, de impecable ambientación y mecánica cerrada, dominable y que, a diferencia de tantos juegos de la época, no quiere ser sólo una hostia en la cara del jugador.
Qué feliz me has hecho, Tones. Esta es una de las primeras recreativas que me vienen a la memoria, y era incapaz de recordar el nombre (y eso que en el foro de Mondo Pixel ya se comentó alguna vez). Ya solo me faltan un par de títulos para recordarlos y quedarme a gusto, pero nada que no hay manera.