«Castlevania: Lords of Shadow 2» – Pretty fly for a white guy

Castlevania Lords of Shadow 2

Castlevania: Lords of Shadow 2
2014
PlayStation 3, Xbox 360, PC
MercurySteam, Konami

De Castlevania: Lords of Shadow 2 se pueden decir muchas cosas. Se puede decir que es un desastre, aunque no absoluto: que su ritmo es irregular, y que esa irregularidad es más densa y preocupante que la de la primera parte, tampoco perfecta pero sí más centrada, más consciente de sus limitaciones. Que sus personajes entran y salen y van y vienen y uno no sabe ni por qué lo están haciendo ni le interesa demasiado, porque es difícil desarrollar interés por un Drácula que no termina de saberse hacer valer dentro de una historia que lo trata como un segundón, ni siquiera un secundario: los momentos en que le toca demostrar poder y autoridad tienen el lastre de otros en los que lo hemos visto escondiéndose sin motivo, impotente ante los obstáculos más mundanos y hasta pisoteado por un vulgar mortal, convertido en una rata, quizá la antítesis del poder suprahumano que se le supone al Príncipe de las Tinieblas.

Se puede decir que el sigilo, una de las novedades más sonadas de este cierre de trilogía, funciona a medias por estar planteado de una manera cuestionable, dando cero margen de maniobra al jugador, por fuera una mezcla marciana (pero qué sería de nosotros sin las mezclas marcianas) entre Metal Gear Solid y Messiah y por dentro rompecabezas, laberintos con noventa y nueve callejones sin salida y una ruta correcta que resuelve el puzle, blandos y poco interesantes hasta el punto de no requerir ni ensayo y error, casi; excepto en una sección muy representativa en la que el juego se deja a sí mismo en evidencia, mostrando sin lugar a dudas todos los puntos negros de la integración imposible del sigilo dentro de las dinámicas de este Castlevania, por lo general la solución a estos puzles orgánicos está a la vista y ni siquiera la ejecución de la secuencia de habilidades correcta, la que nos abre paso a la siguiente zona y nos aleja del peligro, es demasiado complicada.

Se puede decir también que el combate es excelente y mejora lo que ya conocíamos, ampliando las posibilidades y terminando de cocinar el árbol de habilidades, que ahora nos plantea el reto secundario de dominar los combos en lugar de únicamente mejorarlos a golpe de puntos de experiencia. El sistema de tres armas, cada una con su función específica, sus pros y sus contras, funciona tan bien como debe: al contrario que en esos puzles camuflados como escenas de infiltración, el combate tiene una parte de expresión personal gigantesca, muy bien diseñada y que ni beneficia un tipo de juego en concreto ni condena otro, que sabe crear retos importantes sin asfixiar artificialmente. El carrusel emocional es pronunciado: cuando crees que todo está perdido y que el juego no sabe encontrar su norte, se encadenan varias secciones del mapa (un mundo abierto entre comillas; conectado, eso sí, de una forma bastante fiel a la de los Castlevania clásicos) en las que todo fluye, en las que el combate y los saltos a lo Uncharted se dan la mano a la perfección, y cuando estás a punto de llorar de lo bien que va todo, ahí está, brillando en amarillo, bien a la vista, que no se te escape: una rendija que te da la fatal pista de que vas a convertirte en rata más pronto que tarde.

Cuando no es todo lo que no tiene que ser (un melodrama fofo sobre un vampiro que lo mismo te calza una hostia y te parte en dos que un heavy flojo de carnaval; una secuencia de coitus interruptus en forma de secciones de sigilo que nos cortan la digestión en los peores momentos; un survival horror donde el monstruo más terrorífico somos nosotros mismos, convertidos en rata), Lords of Shadow 2 es todo lo vibrante y engorila tanto como se le supone a un juego que, a propósito, nos presenta a Drácula repartiendo estopa en todas direcciones. Decía Enric Álvarez que este nuevo Castlevania es «objetivamente mejor» que el primer Lords of Shadow; imagino que tendrá sus números y sus fórmulas matemáticas para defender tamaña afirmación, pero lo cierto es que yo, simple mortal, veo un juego que intenta echar a correr por más caminos de los que puede, que no consigue encajar todas las piezas (el combate, la principal, con la exploración, el sigilo, el Dracudrama) y acaba dejando a medias incluso a los que no esperábamos mucho más, los que nos conformábamos con lo que hacía bien, y hasta muy bien, Lords of Shadow. La cara del Belmont anteriormente llamado Gabriel lo dice todo: inexpresiva, paliducha, algo bizca, gacha. No tiene muchos motivos para ir con la cabeza alta.

2 opiniones en “«Castlevania: Lords of Shadow 2» – Pretty fly for a white guy”

  1. El primero me gustó pero que la historia sea mala cuando la del primero ya me pareció floja, floja… (bueno, más la narrativa que la historia per se).

    Es una pena que hayan querido meter cosas que no hacían falta como el sigilo o la cámara libre y el mapa abierto. El primero funcionaba muy bien sin ellos. De hecho para mi lo único que había que mejorar era la narrativa, la detección de colisiones con los bordes del escenario, la precisión de los andares de Gabriel y ese final con Satán. Por lo demás era un juego estupendo, aunque he de reconocer que la banda sonora de Araujo me gusta menos que las de los Castlevanias de Igarashi.

    En cualquier caso, lo compraré ya que sigo teniendo bastantes ganas de jugarlo.

    Ojalá Konami haga más Castlevania portátiles.

  2. Nunca sabremos cual fue el mágico proceso mental por el cual Enric Álvarez decidió que era buena idea convertir a Gabriel en rata.

    Buen texto, Víctor.

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