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Pokémon Mini
2002
Nintendo
¿Juego del día? ¿Y por qué no Consola del día? Una consola con, atención, diez juegos publicados, diez y solo diez, y todos de Pokémon. No se toquen todavía, primero lean lo que fue —y no pudo ser— la Pokémon Mini de Nintendo.
Una consola más pequeña que un paquete de tabaco, 70 gramos de peso, pantalla monocroma de 96×64 píxeles —la foto que ustedes utilizan en Gravatar es más grande—, con acelerómetro, vibrador y conexión de infrarrojos. Y con juegos en cartucho, solo diez pero ¡qué diez!
Apareció allá en 2002 en nuestras tierras, un nichichi-nichachi que muchas veces se confundió con el podómetro de Pikachu, aquel cacharrín huevoide amarillo que era mitad Tamagotchi, mitad podómetro que algunos tuvieron la fortuna de poseer. Los más pobres —o los más despistados— se tenían que conformar con la Pokémon Mini, una simplificación espartana de la GameBoy clásica que parecía más un experimento del profesor Franz de Copenhage que no una iniciativa empresarial en sus cabales. Se apreciaba —y se aprecia— como un tour-de-force tecnológico: cojamos ingeniería obsoleta, convirtámosla en una consola de tamaño ridículo y a ver, primero, si hay desarrolladores con suficientes arrestos como para crear videojuegos para ella y, segundo, veamos si hay jugadores que la comprenden y se lo pasan pipa con eso. La Historia nos dice que no hubo suficiente cupo como para cubrir los dos ratios pero voto a bríos que ahí algo falló. Las tres empresas que se pusieron manos a la obra para sacar juegos sólo fueron tres —Jupiter Corp, Denyusha Co. Ltd. y Nintendo itself— y las tres merecen compartir el primer puesto en el podio de Grandes Gónadas de Ayer y Hoy y Siempre por crear diversión purísima y durísima, narcotraficantes del divertimento que me atrevería a recomendar solo a los sinceros de espíritu que buscan la felicidad a través de la microelectrónica.
Son esos jugadores los que gozaron (gozamos) a expensas de la multitudinaria incomprensión de sonyers, xboxers y nintenderos de pro, desde un Tetris ramplón hasta un pinball más bonito que una mañana de día de Reyes, desde puzles delirantes hasta minijuegos cándidos y sumamente abrazables. Huérfanos prematuros que ni la pokemonterapia más poderosa pudo salvar, una lástima, una pena, una injusticia.