«Child of Light» – De luces y sombras

Child of Light

Child Of Light
2014
PC, Mac, Wii U (versión comentada), PlayStation 3, PlayStation 4, Xbox One, Xbox 360
Ubisoft Montreal

Según Wikipedia y la enciclopedia del salón de casa, minimalismo es «cualquier cosa que haya sido reducida a lo esencial, despojada de elementos sobrantes». Una definición escueta pero perfecto resumen del atributo estructural de Child Of Light, un homo minimus en tiempos de Diógenes jugable. Desde el árbol de habilidades que más bien parece arbusto de mata baja, la banda sonora de Béatrice Martin (bajo el nombre artístico ‘Cœur de pirate’), que recuerda tanto a Einaudi y Nyman como a un novel Nobuo Uematsu en las triunfantes fanfarrias, o el sistema de combates por turnos, reducido al mínimo común de los RPG, Child of Light entona un panegírico hacia lo funcional, vestido de acuarela como aquel adelantado Braid y, al igual que éste, recurre al plataformas de desplazamiento lateral en 2D y el puzle de resolución alífera.

Hasta aquí, todo bien. Child Of Light comparte mimbres con el primitivo rolazo japonés, incluso cuando se desprende de sus tropos a favor de la enésima iteración del mito artúrico, del cuento tradicional europeo y su tránsito hacia la madurez, batalla y conquista. En un plano, Lemuria es el purgatorio donde Aurora —la protagonista— emprende el viaje, y en otro, la monarquía austro-húngara de 1895 como marco histórico, con un tono trovadoresco de rimas forzadas y versos alejandrinos que acaban exasperando por plétora. Su careta de libro infantil de pasta dura y letra grande no esconde lo que es en realidad: una niña que no quiere ser princesa ni necesita de caballeros, una Jeanne d’Arc con alas de hada. El juego resuelve con aspavientos las relaciones entre otros personajes jugables, plantea un breve conjunto de misiones secundarias de rigor, y se desentiende de todo aquello que no premie al comprador: subimos nivel casi en cada combate y conseguimos piedras preciosas casi en cada rincón. No es que el juego sea corto, es que tiene prisas. Algo irónico cuando pasas más tiempo asignando puntos en los menús que investigando por el mapa.

Por el contrario, los combates son una delicia. Todo se asume de un vistazo. Con pocas opciones presentan un abanico de estrategias sugerente, gracias en parte a la dinámica y abundante paleta de level bosses. No implican dificultad extrema ni exigen farmeo, aunque las primeras horas adolecen de rutinarias. El elenco es riquísimo y equilibrado y según avanza la trama los personajes se especializan. La bruja malvada actúa por un intrínseco compromiso de maldad y Aurora no parece preocupada por el mundo que le rodea, por el torpe lirismo de sus congéneres, es superior a todo, la protagonista del cuento. En este punto, el juego es honesto y en ningún momento presume de una profundidad hipócrita ni quiere dejar un poso transcendental, acaso en la partida NG+, donde no solo es mucho más exigente sino más divertida.

En Ubisoft Montreal saben que lo están haciendo bien (a la vista salta el podio semanal de ventas en Amazon), que el mercado necesita oxígeno y que los desarrolladores pueden liarla cuando se les da tiempo y recursos (Far Cry 3: Blood Dragon como epítome de libertad creativa entre una agenda de triples A), pero son conscientes de la benevolencia del jugador medio, pues no buscan tanto crear un producto redondo como ofertar propuestas con un mínimo de primicia. Riesgo minimalista, vaya.

https://www.youtube.com/watch?v=bpqTiwfzqdo

2 opiniones en “«Child of Light» – De luces y sombras”

  1. Tan solo he podido jugar una horita y media a Child of Light, y sin embargo parece que es más que suficiente para haberlo calado. Opinas el 99% de las cosas que opino yo tras mi breve experiencia con el juego. Aún con todo, planeo terminarlo este mes. Respecto al análisis, sin duda tu mejor trabajo en esta casa. Me quito el sombrero 🙂

  2. Llevo ya unas horicas con el juego y también estoy bastante de acuerdo con el juego. A los que los rolazos japoneses nunca nos han llamado la atención puede que nos quedemos atrapados con la historia de Aurora si las rimas no nos obligan a tirar el mando y la consola por la ventana. El juego es bonito, la música es bonita y la historia también es bonita de una manera que no te obliga a replantearte tu orientación sexual. El resto poco importa. Pasas el rato contemplando la pantalla, abriendo cofres y mezclando piedras de colores esperando que llegue otro combate y que después los personajes no se pongan a hablar.

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