«Red Dead Redemption» – Elija su propia aventura

Red Dead Redemption

Red Dead Redemption
2010
Xbox 360 (versión comentada), PlayStation 3
Rockstar San Diego

No soy un devoto defensor de todo lo que hace Rockstar. Dejé Vice City a la mitad, no empecé San Andreas y abandoné a Niko Bellic en un atasco a la media hora de GTA IV. Ni lo he intentado con el quinto. Sin embargo, he paseado por Chinatown Wars hasta el cansancio y aún recuerdo mis frustrantes partidas a Table Tennis con algún visitante ocasional (hola, Efe) en mi piso compartido de Cuatro Caminos, y los guardo como oro en paño. Por esta razón sí les debo al menos el reconocimiento de que saben dejar marcados en la memoria momentos irremplazables, dentro y fuera del mundo en el que se desarrollan. Por eso, supongo, le di una oportunidad hace muy poco a Red Dead Redemption cuando lo encontré de frente en una ocasional visita al Game. Aunque lo más probable es que fuera por un nombre y un apellido muy concretos: los del engañosamente sueco José González.

Hablando de esta compra casual con El Gótico, el hombre que ahora duerme en mi antiguo cuarto en ese piso de Cuatro Caminos, me comentaba que se lanzó a Red Dead Redemption pese a sospechar que encontraría en él unas referencias cinematográficas a las maneras de Sergio Leone, y resultó que no, que le daba justo en el Sam Peckinpah que más le gustaba. Se sorprendió de la forma en que la cámara mostraba la acción, y de esa historia que en absoluto decaía como si fuera un pastiche o una novela barata. Me temo que algo de verdad habrá en esa afirmación, pero también habrá algo de ese querer ver lo que a uno le resuena dentro y obviar el resto. Sobre todo porque mis referentes para acercarme al juego no son especialmente fílmicos: lo único que sé del western lo aprendí de forma tardía y lo que me venía heredado es que la película que más veces ha visto mi padre es La leyenda de la ciudad sin nombre (aunque sospecho que es porque no quiere contar las veces que lleva vistas Love actually, y las que nos quedan). Lo que quiero decir con esto es que parece que Rockstar dio aquí con la forma de tocarnos a todos las teclas adecuadas aunque no fueran las mismas en todos los casos. En el mío, repito, por una banda sonora con un tema suelto del sueco hispanohablante José González, cabeza del grupo Junip, y por ese momento en el que entra Far Away en escena. Ni cineastas ni actores ni mecánicas me acercaron al juego, pero sí ese momento mencionado por amistades y conocidos: una canción y un paseo a caballo por el desierto. Y si existía un momento comparable a los viajes por el nada cinematográfico mundo de Shadow of the Colossus, y lo adornaban con la mitad de la elegancia y épica como la que Kow Otani aportaba a esa estepa de fantasía, eso tenía que verlo. Y oírlo. Y vaya si lo he visto y oído.

Por eso, querido lector, le ruego que se acerque a este título de Rockstar con prejuicios o sin ellos. Hay miles de títulos ahí fuera que a priori serán más de su agrado, pero estoy convencido de que la mitad de ellos no le dejarán ningún poso. Le aseguro que sea cual sea el veneno que a usted le ponga, el western de las novelas de cinco duros o el del spaghetti, los mundos abiertos, los duelos al sol, la casquería apocalíptica, los personajes crepusculares o las aventuras contemplativas, aquí mismo lo va a encontrar. Si aún no lo ha intentado, vaya a por esa edición Juego del Año que anda por las tiendas y llévesela a casa. Y vuelva por aquí a confesar qué es lo que le ha dibujado esa sonrisa de oreja a oreja.

http://www.youtube.com/watch?v=-aAVIUhymUM