Crítica – Star Wars Pinball

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Star Wars Pinball
Zen Studios
Todos los sistemas de la galaxia (versión analizada: Nintendo 3DS)
2013

Por mucho homenaje que se le haga en al menos dos productos culturales de cada tres, por mucha insistencia de familiares y amigos, por mucho cuñado que corra suelto por el mundo poniendo la voz hueca y reclamando paternidades a la primera de cambio, algunos todavía no le hemos cogido el punto a Star Wars. Serán las tramas, los diálogos, será que algunos somos sencillamente de la cáscara amarga y no hay nada que hacer con nosotros. Sin embargo, ni el más escéptico de los pocos tarados que odiamos las películas podrá nunca negar que cuando menos se trata de un universo insistente: si no te gustan las pelis aún tienes las series de televisión, y si estas tampoco te convencen todavía te quedan los tebeos, si con los tebeos no hay forma le puedes dar una oportunidad a los juguetes, y tranquilo que si tampoco te interesan los tradicionales también está la serie de LEGO, y si el problema está en la historia marco puedes probar la versión Ultimate, y si no al rol, y si no… si no ya habrá otra cosa. Siempre hay otra cosa.

Hace treinta y tantos años que Star Wars corre meneando el rabito alrededor de todos y cada uno de nosotros, de los que de entrada se hicieron presa fácil y de los que no. Sobre todo de los que no. Al final hay que estar muerto por dentro para no cogerle cariño por lo menos a alguna de las encarnaciones de un producto tan empeñado en gustar que nunca da a solo un sector de público por perdido. Quizás no sea la estrategia comercial más digna en el mundo del entretenimiento, pero al final nadie se queda sin tener su mutación de SW favorita, lo que no es poco mérito. SW Pinball podría muy bien ser la mía.

Despojado de su hilo argumental, sin asidero posible en personajes y escenarios más allá de referencias abstractas en los objetivos, SW Pinball es una colección de tres mesas donde la mitología de la serie sirve únicamente como sostén de un festival interminable de colorines, rebotes, pitidicos y fogonazos. Cada mesa incluye una serie de logros maquillados con terminología warsie que abre camino para que se pasen a saludar stormtroopers, cazadores de recompensas o hasta el mismísimo Darth Vader. Nada que en realidad distraiga de lo que aquí importa: tableros barrocos plagados de rampas, obstáculos y grúas, con mil reclamos parpadeando en cada momento y una cantidad ingente de blancos que solo se alcanzarán después de mucho afinar, de mucho fallar, de mucho rebotar entre muelles que, por mucho que se disfracen de droides, muelles son.

De Star Wars asumamos que al final no quedan ni las raspas, pero eso tampoco debería importar cuando se está ante un juego tan bien planteado como eficazmente ejecutado. Los tableros son complejos, enrevesados y con suficientes retos como para satisfacer al superviviente de recreativos más picajoso. De ninguna manera hará que se interesen por el pinball aquellos fans completistas de La guerra de las galaxias que no sintieran la menor curiosidad por las máquinas del millón, pero yo soy la prueba viviente de que sí puede funcionar al revés.

¿Y no ha sido ese siempre el objetivo de SW? ¿Atraernos poco a poco, uno a uno si haciera falta, a ese rincón ya superpoblado de la Fuerza?