Superman: El Hombre de Acero en los videojuegos

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Aprovechamos el estreno de la discutidísima nueva película de Superman (vaya semanita hemos tenido en Lo Twitter, entre odiadores y defensores) para hablar de lo que a nosotros nos gusta: el pixelazo con capa. Superman es, aparentemente, un personaje perfecto para un videojuego: vuela, da zurriagazos que hacen temblar edificios y sopla muy fuerte, pero claro… la invulnerabilidad. ¿Cómo hacer interesante a un personaje que difícilmente va a generar una pantalla de Game Over? Se ha intentado de muchas y no siempre acertadas maneras. Dejando de lado el infausto Superman 64, hemos reunido algunos de los más destacados juegos del Hombre de Acero, por unos motivos u otros, y os los contamos.

Superman (Atari 2600, 1978. Atari) – por Adonías

1977. Los primeros títulos que disfrutamos en Atari 2600 intentaban adaptar aquellos juegos que fueron exitazos en los recreativos de aquellos tiempos, y cubrir todos los géneros (entonces) conocidos: Indy 500, Basketball, Breakout, Outlaw, Bowling, esas cosas. Y de repente, ¿era un pájaro estrellado contra un muro de ladrillos, un ronroneante avión pilotado por un espermatozoide con patas? No, era el juego de Superman que Atari desarrolló en 1978 para la que siempre ha sido y siempre será su consola estrella.

Oigan, vaya shock. Yo deslucía seis añitos por aquel entonces, y acababa de gozar la película sobre el hombre de acero que dirigió Richard Donner. Andaba loco pallá-pacá con mi muñeco articulado oficial vestido de azul, con su capita y su canesú, y de repente cayó en mis manos un juego con el que podía manejar a Superman. Podía VOLAR con Superman. Ahí es nada, ¿eh? El sueño loco de todo chaval cinematográficamente impresionable.

Y me daba igual que no entendiera absolutamente nada del juego. Ojo, que el programita en cuestión tenía argumento, tremebunda novedad en los clásicos títulos Atari de una pantalla en los que tu único objetivo era reventar el marcador o ser mejor que tu contrincante; aquí debías encarcelar a los malosos (Lex Luthor incluido) y reparar un puente encontrando las piezas del mismo, las cuales se encontraban distribuidas a lo largo del mapeado. Evitar la kryptonita, porque si la tocabas tenías que encontrar a Lois Lane para así poder recuperar tu perdida capacidad de vuelo. De todo esto me enteré con el paso de los años, pero eh: detalles menores, qué puñetas importaba todo si iniciabas partida manejando a Clark Kent, y cuando la cosa se liaba parda YO me metía a una cabina y salía volando como Superman. Y con esa sensación me quedé, la cual ha perdurado con el paso de los años: unas cuantas líneas de código y cuatro pixelazos, y un chaval de seis años que creía que volaba. El poder de la imaginación y la magia de los videojuegos, en 1978.

Otra cosa que se me quedó grabada es que siempre me pareció, aún me lo parece, que aquel Superman cuadradote tenía tetas y andaba por ahí luciendo escotazo. Mi imaginación otra vez, supongo.

 

Superman: Shadow of Akopolips (PS2 y GameCube, 2002. Infogrames) – Por Herasmus

Superman 64 es oficialmente el punto más bajo no solo de la serie de Superman sino posiblemente de la Historia de los videojuegos. Todos de acuerdo. No es que lo digamos tú, yo (o cualquiera que alguna vez se haya acercado a semejante esperpento), Atari debía pensarlo también y por eso para su secuela decidió cortar por lo sano: nuevo equipo desarrollador, nuevos enemigos y escenarios. Y si digo por lo sano es porque lo que no llegaron a tocar fue el despliegue disparatado de bugs, los controles imposibles, la curva de dificultad suicida. Shadow of Akopolips parece parte de un plan muy a largo plazo para arreglar las cosas, un plan que partiendo de donde se parte habría necesitado de decenas de entregas hasta llegar a un mínimo aceptable. Aún así algo mejora, y parece conformarse con ello. Lástima que los fans no desarrollásemos una superpaciencia pareja a semejante kriptonita jugable.

 

Superman Returns (Xbox 360, Xbox, PS2, 2006. Electronic Arts – EA Tiburon) – Por Javi Sánchez

Returns es posiblemente el juego que mejor entendió al personaje, al que le hizo dos aportaciones mecánicas muy bienvenidas. La primera consistía en sus dos velocidades: rápido y  follao: si dejábamos apretado el botón de vuelo, Superman iba cada vez más lanzado, en sucesivos booms sónicos que pillaban perfectamente la esencia de un personaje sin límites. «Con una marcha extra en la recámara siempre», como decía Snyder cuando todavía creía en él. La segunda refleja por qué yo no creo en Snyder: Superman, que es infostiable por definición, no tiene barra de vida, pero Metrópolis, su ciudad, sí. El objetivo de Superman no es ganar: es salvarlos a todos. El juego penaliza cualquier daño a peatones, propiedad privada y, de hecho, en los momentos más medidos (de un título que se quedó corto por las prisas y el cambio generacional, pero señaló el camino), la idea brilla con luz propia: cuando usamos nuestra supervelocidad para enfrentarnos a una lluvia de meteoritos, mientras sabemos que al otro lado de la urbe hay vidas en peligro por un accidente y que ya pillaremos a los criminales que huyen de un tercer punto más tarde, cuando todo el mundo este a salvo. Porque eso es Superman: cualquier otra cosa es un Señor Fuerte con Capa.

 

Injustice: Gods Among Us (Xbox 360, PS3, Wii U, 2013. NetherRealm Studios) – Por Henrique Lage

Con 75 años a las espaldas, Superman arrastra muchas encarnaciones y cuestiones morales. En la actualidad, con El Hombre de Acero en cines y el Superman de New 52 en cómics, parece haberse establecido un nuevo estándar para el personaje: más agresivo, más juvenil, más inseguro y, por tanto, más falible, es decir, más propio de la crisis de confianza en las autoridades que vivimos. Injustice: Gods Among Us -y su adaptación a cómic- revelan ese deseo de devolver a Superman al papel de figura incómoda, alienígena y alienante. Que, como le ha pasado al Sistema, pierda su brújula moral, y termine por ignorar las víctimas que deja a su paso. Quizás Injustice: Gods Among Us sea un juego de lucha insuficiente o incluso insatisfactorio a varios niveles, pero revela como nuestro Panteón particular se muestra tan revuelto como los propios mortales. Que sea el propio Superman quien venza a Superman devuelve una mirada acusadora: la responsabilidad de cambiar las cosas está en nosotros mismos.

 

Superman (Arcade, 1988. Taito Corporation) – Por John Tones

Pese al protagonismo de un icono pop que no es que sea occidental, es que es Occidente, este juego de Taito es Japón Hardcore. En este Superman para arcade pasa como en los JRPG en los que el Dios cristiano es uno más de una ralea de supervillanos divinos, y les da igual, porque para ellos nuestro Dios no es más que una fantasía occidental más y se le muestra el mismo respeto que le tenemos nosotros a las cosas del animismo. Que les da lo mismo lo mitificado que tengamos nosotros a un personaje que ya alcanza trazas legendarias, y por eso, si los cánones de la época imponen que el beat’em-up tiene que ser a dobles, aquí tienes un Superman Rojo para el Player 2 muy previo al markmillariano y que en ningún momento recibe una explicación lógica (o ilógica) por parte del juego. En todo lo demás, horror del que nos gusta por aquí: gráficamente muy consistente, pero con una mecánica ramplona y mal ejecutada (la detección de colisiones es de auténtica leyenda), un morir fulminado como en Tron, unos patadones en las espinillas, unos puños que lanzan bolas de fuego, letreros de «Cosino», conejos rosas gigantes con tetas que, lo reconocemos, no habrían desentonado en los tebeos de Superman de los años cincuenta y muchos roboces del espacio. Vamos, que muy bien.

 

Superman: The Man of Steel (Mega Drive, 1993. Sunsoft) – Por David Chaiko

Este juego se lanzó un año antes en EEUU con el título de Superman a secas, y por extraño que parezca su lanzamiento coincidió con uno de los momentos de mayor celebridad del personaje… dado que estaba a punto de morir en los cómics. Sin embargo el juego, desarrollado por los japoneses Sunsoft (que habían cosechado buenas críticas con sus juegos de Batman), permanece ajeno a esos acontecimientos. La parte narrativa es nula, de hecho: los niveles se suceden sin apenas explicaciones de ninguna clase más allá de las triunfales portadas del Daily Globe, hasta que al final del juego Lois Lane acaba secuestrada en el espacio por Brainiac, con Superman al rescate. No hay explicación alguna para ello, Brainiac podría estar enfadado porque no quiere que nadie más que él use capa, ¿quién sabe? El caso es que de algún modo convenció al Bromista, Metallo, y Mr. Mxyzptlk para intentar hacerle la pascua a Superman. El resto es un sencillo juego de plataformas (ya sabéis: sólidas por arriba, intangibles por debajo) clónico de The Revenge of Shinobi en mecánica (repartir estopa), aunque con menor profundidad y un diseño de niveles tremendamente gandul. Los superpoderes de Superman apenas se reducen a volar, un superpuñetazo (que además de partirle la cara a los enemigos sirve para derribar puertas o machacar rocas), visión calorífica, y taladrar el suelo para acceder a niveles inferiores, pero todo ello gestionado torpemente por el juego a base de recoger ítems en el momento apropiado para cambiar de poder, con lo que nada queda a la imaginación del jugador y todo sigue un guión perfectamente definido, idéntico en cada partida. Los enemigos, final bosses al margen, son robots, pequeños seres insectoides, o incluso hombrecillos de roca, y apenas un par de fases de vuelo semejantes a shoot’em ups consiguen sacar al juego de la monotonía. Los dos puntos positivos, que los tiene: por un lado Sunsoft se tomó muchas molestias para animar la capa, puro amor gráfico de 16-bits, y por otro este no es ni remotamente el peor juego de Superman. Al menos es jugable y entretiene durante un par de partidas…

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