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Mientras se perfilan los detalles de la ya inminente nueva generación de consolas —con sus bajas y dimisiones a lo largo del camino—, las grandes celebran lo que le queda a la actual con las consabidas y esperadas rebajas. Las tiendas digitales se llenan de ofertas con lo mejor de estos últimos años a un precio modesto, una traca final dirigida al que se perdió aquel sleeper del año pasado ahora que su nota objetiva acaba de subir un 50%. Servidor no sabe cómo afrontarlo: Sony ya ha anunciado que su nuevo prodigio tecnológico no soportará ni el catálogo de PS3 ni el contenido digital de PSN, así que casi resulta más sensato evitar la llamada del ahorro y abrazarse a plataformas que sí garantizan la deseada retrocompatibilidad como Steam. ¿Y Microsoft? Los rumores de que codename Durango incorporará un chip compatible con Xbox 360 provocan tantas lágrimas de emoción como las que su «always on» derrama por pura frustración y todomalismo. En cualquier caso, incluso en el fatídico supuesto de que mañana se viniera abajo Xbox Live, su bazar y cuanta nube hubiera a lo The Private Eye, hay una compra obligada para usted: si es usuario Gold, hágase un favor y vaya ahora a por su copia de Geometry Wars: Retro Evolved 2, que aquí le espero.
La franquicia Geometry Wars ha marcado varios hitos en mi relación con los videojuegos. GW: Retro Evolved fue la razón por la que compré mi primera Xbox 360, un carísimo pack con una copia de Gears of War que no entró en la consola hasta varias horas más tarde. Primero vinieron la creación de un gamertag, la primera compra de moneda virtual, los primeros puntos Microsoft gastados en el primer juego descargable, los primeros achievements. También la reconciliación con el gamepad, perdida desde los añorados mandos de Mega Drive de seis botones, y el amor por un sistema de juego con solo dos sticks analógicos y un botón que aún hoy compite en mi top particular con el stick arcade. Un sistema de entretenimiento completo en alta definición hecho a la medida de un juego de cinco euros. Más tarde vendría su segunda parte, descargada el mismo día de salida —los juegos de Xbox Live Arcade casi siempre salen los miércoles, igual que los tebeos de grapa en EEUU, un maravilloso paralelismo—, con su multijugador, sus tablas de puntuaciones y sus seis modos de juego. Límite, su modo de tres minutos, me voló la cabeza hasta tal punto que se convirtió en mi primer texto para Mondo Píxel, hecho a cuatro manos con Herasmus. Y en el arranque del primer «5×5: Cinco Juegos de Cinco Minutos», perdido en los archivos del blog.
Límite —accesible en la propia demo del juego por si no quieren pasar por caja— sigue siendo una de las experiencias jugables más perfectas que se pueden echar a la cara, un mata-mata siempre a la altura de quien lo juega. En definitiva, los mejores tres minutos que pueden pasarse estando solo y vestido. Por eso les recomiendo a ustedes que lo prueben y lo atesoren hasta que se les haga inmortal, no vaya a ser que al final Microsoft desmienta todo lo desmentible y se lo lleve con el apagón de su Xbox 360. Que con estas cosas nunca se sabe.