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Dinasty Warriors 7 Empires
Omega Team /Tecmo Koei
PS3
Durante mi paseo por el Tokyo Game Show del año pasado me pegué una escapada al estand de Tecmo Koei para entregarme a uno de mis onanismos favoritos: los Musou. Tenían entre siete y diez nuevos -nuevos es un decir- para este 2013, todos bajo una única premisa: que no se note que han pasado 13 años desde Shin Sangokumusou/Dinasty Warriors 2. Es decir, imagínense un único juego que, a golpe de mod y remiendo crece cada año en cuatro o cinco versiones diferentes, con skins de personajes -¡One Piece! ¡Gundam! ¡Hokuto!-, viniéndose arriba como un punki cincuentón borracho: nihilismo fatigado sin objeto y búsqueda constante de la muerte ante el desencaje generacional.
La diferencia entre un Dinasty Warriors 2 y un Dinasty Warriors 7 reside en el número de personajes, la consola con la que se juega y la cantidad de horas que podemos invertir en subir de nivel un montón de numeritos que todos van a lo mismo: dale a un botón y mira cómo vuelan los chinos. La diferencia entre Empires y un Dinasty Warriors normal es que en ambos llevas a un chino que de un golpe de sobaco manda por los aires a un número X de enemigos (donde X es una variable el total de personajes que quiera mover o representar en pantalla ese día el motor de PlayStation 2 del juego), pero en el primero forma parte de un metajuego de mapa grande y gestión de imperio.
Que conste que cualquier desviación hacia el locurón porque sí me parece NECESARIA.
Lo justito para no aburrir: unas decisiones por turno, una serie de asignaciones de recursos y experiencia que modifican a nuestro(s) personaje(s) y venga a batallar entre cosechas y consejos políticos. Batallas que siguen el esquema de cualquier Warriors: machaca ejércitos, controla territorio, cuenta bajas. Aunque un poco más cuesta arriba -métete con un oficial recién creado a darle caña a Cao Cao y cuenta los segundos hasta el game over-, un poco más suelto y un poco más parecido a las premisas MMO de Strikeforce (un Monster Hunter Musou) y de… uhm, el MMO de Dinasty Warriors. Empires 7 ahora tiene modos online simpáticos, con intercambio de oficiales Pokémon (a lo peones de Dragon’s Dogma, que eso siempre es BIEN) y mucha insistencia en que nos conectemos cara a cara.
Para qué, con qué propósito, eso no lo dice el juego. Musou hace tiempo que naufraga en sistemas, factura técnica y desarrollo como rolazo japonés de combate -si lo encuentran y no les mata su ritmo, no se pierdan Kingdom Under Fire: Circle of Doom-; su único atractivo reside en la inmediatez de pulsar un botón y matar cientos y cientos de clones en escasos minutos, sin ningún tipo de esfuerzo mental, en parajes reciclados, con músicas recicladas, armas y movimientos reciclados, personajes reciclados, cinemáticas recicladas… No es un insulto, sino la constatación de que las únicas veces en estos años en las que Musou ha producido basura ha sido cuando se ha apartado de su propia autosuficiencia recicladora. Empires trata de asimilar esa escasa basura -los trocitos aprovechables de Strikeforce– a la fórmula, pero se confunde con el énfasis online. Dinasty Warriors siempre ha ido de arrancar el gotelé de las paredes a hostia limpia hasta que sólo quede el ladrillo visto: un título exclusivamente de redecoración de interiores, no de montar barbacoas en el patio con los vecinos o la familia.
Me encantan sus análisis señor Sánchez. Son divertidos.