Reservoir dogs: the videogame
Volatile Games
Xbox (versión comentada), PS2, PC
2006
Es poco probable que, cuando se estrenó Reservoir dogs en 1992, alguien saliese del cine con ganas de jugar a la adaptación al videojuego. Pero cuando Lionsgate se decidió a desarrollar una catorce años después, ya seguro que no quedaba nadie esperándola.
Desde luego no Tarantino, que se había cansado de repetir que el atraco y los tiroteos eran lo que menos le interesaba contar de aquella historia, ni tampoco ninguno de los actores de la película, que (a excepción de un Michael Madsen con pinta de necesitarlo mucho) se negaron en redondo a prestar su imagen y voz. Y siendo el juego un hijo tonto que no da una a derechas ni en mecánicas ni en lo tecnológico, repudiado por sus padres y condenado al desprecio de su público potencial desde el mismo momento de su concepción, lo cierto es que tiene al menos el mérito de enfrentarse a su mediocridad sin tapujos. Con la cabeza bien alta, los dientes apretados y el gesto sereno en medio del naufragio.
Reservoir dogs: the videogame sigue a cada uno de los personajes de la película durante la planificación del robo a la tienda de diamantes y la posterior huida de la policía cuando todo se sale de madre. Quizás porque se pensó que era la mejor manera de ajustarse al medio, quizás por falta de tiempo o ganas de pensar otra cosa, el juego se construye a partir de un rosario de tiroteos, explosiones y carreras de coche que parecen más pensados para contentar al que se aburrió durante la película que a aquellos que la disfrutaron. Y aunque la publicidad promete rellenar los huecos del guión (¿qué le pasó al tipo que se preocupaba por la calidad de vida de las camareras en la escena pre-créditos? ¿dónde escondió los diamantes el señor Rosa?) al final ni hacían falta tantas alforjas ni tampoco nunca se había oído a nadie pedirlas (respectivamente: lo matan y en un sitio).
Y sin embargo…
Aquí echo yo mi cuarto a espadas, pero simplemente jugándolo, sin haber leído entrevista alguna a sus desarrolladores, da la impresión de que si Reservoir dogs: the videogame no es ni de lejos el juego al que yo quería jugar, tampoco es ni mucho menos el juego que Volatile quería hacer. Por ejemplo, entre tiroteo y exploración rutinaria hay un amago de mecánica de control de masas y negociación con rehenes. Nada demasiado vistoso y con mucha menos importancia de lo que se anunciaba en los tutoriales, pero es algo inesperado que sirve como indicio de que en ese juego se apuntaba… no a algo mejor de lo que luego hubo, pero por lo menos a otra cosa. A algo si no digno, por lo menos diferenciador. Aparecen ramalazos de lo que podría ser inspiración por aquí y por allá, a veces en forma de autoparodia suicida, como esa presentación del sistema de disparo en que los protagonistas utilizan pistolas de paintball con sus colores respectivos. Todas son ideas que se dan de palos con el material original, a menudo terribles, casi siempre con pinta de haberse propuesto a la desesperada, al final de una reunión interminable en ese momento en que se da por buena cualquier solución con tal de poder irse para casa de una maldita vez. Reservoir dogs: the game parece saberse un encargo absurdo, y ante la imposibilidad de salir con bien del paso, lanza a lo loco ideas aquí y allá para que se sepa que al menos se ha intentado. Pero por eso, porque parece esforzarse en salirse de la plantilla incluso a riesgo de parecer estúpido se juega con curiosidad hasta el final. ¿Y cuántos de quienes pasaron por caja en su momento (previsiblemente engorilados de entrada, poniendo dinero encima de la mesa por un producto que sabían que en realidad no querían) pensaron que acabarían llegando hasta el final?
Reservoir dogs: the videogame es un desastre a todos los niveles que, como no pudo ser de otra manera, no solo fracasó comercialmente sino que además se llevó palos por parte de todo el que pasaba por allí. Y es justo que fuese así, ¿o alguien querría un Inglorious Battlefield anual con skins descargables del Oso Judío? Pero la noche pasada, cuando terminé el juego, eché media hora antes de irme a dormir a la última entrega de cierta saga de fontaneros de mis amores. Y por mucho que me dio exactamente lo que prometía, mimando la fórmula y respetando cada uno de mis fetichismos de fan… caray, cómo hubiera agradecido un poco de insensatez e imprudencia en medio de tanto corsé y tiralíneas.