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Antes de volver la vista atrás, preparémonos un poco para lo que se nos avecina: según algunos analistas, 2013 puede ser un remake (corregido y aumentado) de 1983, el Año del Primer Hundimiento para la industria del videojuego. Todos conocemos la historia de esas copias de E.T. The Extraterrestrial para Atari 2600 enterradas en el desierto, todos recordamos esa huída hacia adelante (superpoblación de consolas, frenesí por la novedad, productos defectuosos lanzados a ciegas al mercado, compañías creadas en plena burbuja y forzadas a declararse en bancarrota a los pocos meses) que sumió al videojuego como forma de entretenimiento en una crisis que no supero hasta el advenimiento, beatífico, de la NES. Treinta años después, el píxel se encuentra en una encrucijada similar, con unas grandes compañías incapaces de abandonar el hardware para abrazar la nube y una cada vez más peligrosa competencia que ya no estaría integrada por aquellos ordenadores personales de 1983, sino por las apps de un euro.
Si algo nos enseñó la E3 de 2012 es que, de momento, no hay avances en hardware: Nintendo reinventa conceptos en lugar de partir de cero (Wii U es la mejor muestra de lo que diferencia una evolución de una revolución), pero Microsoft y Sony directamente nos piden que olvidemos esa antigua barrera mental de los cinco años y aceptemos el hecho de que no se vislumbran consolas nuevas en el horizonte, algo que ha llevado a periodistas como Dan Ackerman a preguntarse si no estaremos ante el principio del fin del soporte físico. Ahora mismo, la industria sigue estando propulsada por el blockbuster, tal como demostraron las excelentes ventas de Halo 4, Call of Duty: Black Ops II y Assassin’s Creed III. No hay más que echar un vistazo a sus títulos para darse cuenta de que todos pertenecen a una franquicia y que, por tanto, las ideas originales siguen cotizando tan a la baja como en año anteriores. Gimmicks y gadgets (SmartGlass, Wonderbook) al margen, vivimos en una era de sagas superventas. Sin embargo, puede que ya empecemos a intuir su final.
Para empezar, en 2012 se han producido señales (contradictorias) de un posible cambio que pasa, inevitablemente, por los servicios de juegos en streaming. Las grandes compañías siguen mostrándose reticentes y aún existen algunos detalles técnicos a resolver, pero los acuerdos que empresas como OnLive han firmado con LG suponen un paso de gigante en esa dirección. Mientras tanto, las desarrolladoras de juegos para soportes móviles y redes sociales hicieron una aparición testimonial en la E3. ¿Merecen los creadores de Farmville compartir el pan y la sal con gigantes como Naughty Dog o David Cage? Una vez más, quizá sea un poco pronto para contestar, pero las minibatallas de Twitter que provocó esta simple pregunta podrían ser un pequeño anticipo de la gran batalla que, según los más agoreros, está por llegar.
Mientras los peces gordos resolvían estos dilemas internos, los márgenes han florecido como nunca hasta ahora. Como sucede con las apps, el precio de venta se ha convertido en la gran ventaja de los indies: el bolsillo (indefectiblemente) en crisis del consumidor optará más veces por el contenido descargable de su consola que por acercarse a la tienda y depositar allí sus 70 eurazos, lo que quizá explique el éxito sin precedentes de una propuesta tan abiertamente artística y highbrow como Journey. Incluso los Spike Video Game Awards, ese obsceno escaparate del mainstream, se han visto obligados a tomar buena nota y crear una categoría para Mejor Juego Independiente, que por supuesto se llevó el gran bombazo de PlayStation Network y Thatgamecompany. No sólo eso, sino que el gran triunfador de los premios fue un título (The Walking Dead: The Game) basado en una propiedad multimedia, sí, pero desarrollado por una compañía tan modesta como Telltale Games. En efecto, un juego episódico y distribuido a través de descargas le ha pasado la mano por la cara a mamuts como Mass Effect 3 o Dishonored.
¿Y qué pasa con la palabra mágica: crowfunding? También ha estado ahí, tan presente como en otras formas culturales y de entretenimiento. Quizá una de las cosas más estimulantes que le han pasado a Kickstarter este año haya sido la financiación de Sportsfriends, un compendio de cuatro minijuegos pensados para petarlo en cualquier fiesta o reunión de sociedad. Del mismo modo, los juegos musicales han experimentado una crecida en 2012 que ya ha llevado a algunos a hablar del relevo natural de esa fiebre por los instrumentos simulados que carecterizó a la segunda mitad de la anterior década. La Wii U potencia el multijugador analógico, la reunión de personas en una misma habitación disfrutando (de diferentes maneras) de una única experiencia de juego. Y qué mejor experiencia colectiva que el baile loco: Dance Central 2, un lanzamiento de 2011, nos tuvo buena parte de este año bailando chorradas, pero la tercera entrega ha sido la que ha acabado de confirmar a la saga como la heredera un trono anteriormente ostentado por SingStar: el de Título Perfecto Para Jugar Borracho. ¿La razón? Gangnam Style como contenido descargable. Intenta decirle que no a eso.
Finánciate con cuervos y te sacarán los ojos :p
Maldita sea, necesito probar dance central+gangman xD